Suena el despertador.Por un momento, no sabes donde estás.
Poco a poco, los sonidos de tu casa, de tu gato, de la estridente alarma, se hacen más familiares.
Un nuevo día comienza.
Abres los ojos.
Una luz grisácea se filtra entre las cortinas.
Hoy, hará mal tiempo. Tal vez, incluso llueva.
Cierras los ojos de nuevo, y al abrirlos, te quedas un instante mirando el techo.
Una inmensidad blanca, interrumpida sólo por la mancha que dejó tu zapatilla cuando intentaste deshacerte de aquel estúpido mosquito.
No sabes por qué, pero te está costando una vida incorporarte y poner los pies en el suelo.
Sabes que, cuando lo hagas, no habrá vuelta atrás.
La maquinaria se habrá puesto en marcha, y volverás a comportarte como un autómata 24 horas más.
Ahora, refugiado en tu cama, aún sientes que la vida puede ser diferente.
Aguantas unos minutos más.
Deseas estirar esta sensación como un chicle, sólo que este chicle está tan mascado que casi no tiene sabor.
Y, te incorporas.
Te levantas poco a poco, sentándote en la cama, con una pesada carga sobre los hombros.
Con la sensación de no haber descansado nada.
Y llega el momento. El momento en que pones un pie en el suelo, y vuelves a ser tú.
Ese tú, que eres cada día, que ríe poco, y llora sin lágrimas.
Te levantas, y tras de tí quedan, sobre la almohada, los jirones de la vida que esperabas.
La vida que quieres.
La vida que sólo en tus sueños se deja atrapar...
*Posteado en mi fotolog, el 7 de abril del 2008.
(y, hay días en que todavía sigue vigente...)



